Está el clima politicosocial calentito ultimamente, y para el día 15 de Mayo hay convocadas manifestaciones en todas las ciudades del país para protestar por los diversos males que nos achacan.

Sin embargo, yo no iré, del mismo modo que nunca voy a ninguna manifestación, porque ni me gustan, ni considero que valgan para mejorar las cosas (en ocasiones, de hecho, las empeoran).
Muchos se me echarán al cuello, o me dirán que soy una pasota que no lucha, y que si por mi fuese todavía seguiría siendo el látigo de siete colas el mayor recurso de productividad laboral. Nada más lejos de la realidad. Lo que ocurre es, de verdad, que creo que las manifestaciones, al menos en la época que estamos, son contraproducentes.
En las siguientes lineas pretendo desmitificar una serie de pretesiones que toda manifestación lleva consigo, pero que considero que no se consiguen.
Se pretende: que se escuche la opinión de el sector que se manifiesta.
¿Se consigue? En parte, pero no es el método más eficaz.
Tradicionalmente, las manifestaciones han sido el medio de expresión de sectores de la sociedad que no tenían otra manera de hacerse oir. En épocas en las que los medios de comunicacion no eran libres, la única manera de tener presencia en los medios era juntarse una marabunta de gente y echarse a la calle.
A día de hoy, no cabe duda de que toda manifestación termina saliendo igualmente en los periódicos y telediarios, aparte de ser notada por todos los habitantes de la ciudad. Sin embargo, como medio de expresión, la manifestación tiene el inconveniente de ser limitada, y molesta. Limitada porque como mucho, vas a poder expresar en ella un par de eslóganes (que acabarán siendo lo más populacheros posibles) de muy corta longitud. Es peor que el síndrome de los 140 caracteres de twitter: la comunicación se debilita al verse tan limitada en espacio. No hay sitio para argumentar, o para convencer. Los que de hecho se explayarán hablando sobre los motivos de la manifestación serán los periódicos y telediarios, que tomarán el eslogan a su manera para tergiversar la información a su antojo.
Además, las manifestaciones tienen la mala costumbre de «ir a más». De que a veces en ellas la gente está tan exaltada que decide ir más allá de las palabras, en ocasiones llegando al desorden público o la violencia. Ya el hecho de ir un rebaño de gente a la calle a gritar y hacer ruido me parece poco civilizado, pero lo que ya me parece absolutamente inadmisible es cortar carreteras, quemar contenedores, y ese tipo de cosas. Por muy legítimas que sean tus quejas, si las tienes que hacer notar de esa manera, para mí pierden toda validez.
Sobre todo, teniendo en cuenta que a día de hoy tenemos maneras de expresarnos bastante más eficientes: ¡existe Internet! Hoy en día cualquiera puede publicar en internet su opinión, argumentandola todo lo que crea necesario, y sin ningún tipo de censura (de momento al menos). Tenemos además redes sociales (y no me refiero sólo a las prefabricadas tipo Facebook o Twitter, sino a autenticas redes tejidas a mano en forma de enlaces entre sitios y entre personas) que nos permiten dar difusión a nuestras ideas, haciendo que lleguen a más gente aún que a través de un titular de un periódico, o de unos minutos en la televisión, y sin alteraciones de la información ni del orden público. ¿Por qué nos empecinamos en seguir anclados en el pasado?
Se pretende: conseguir cambios con respecto a imposiciones que vienen de niveles jerárquicos superiores al sector que se manifiesta.
¿Se consigue? Raramente.
Hemos dicho antes que las manifestaciones sirven de expresión y de protesta a aquellos que no tienen voz de otra manera. Normalmente, además, lo que se pretende con la protesta es cambiar aquellos hechos por los que se protestan. Y eso, por lo general, no se consigue con una manifestación.
El primer paso para cambiar las cosas es denunciarlas, correcto. Si ese cambio no depende de ti, sino de alguien en algún nivel de jerarquía superior, lo que debes hacer es convencer a ese alguien de que es mejor cambiar. A ese alguien… o a alguien por encima de él. En cualquier caso, tienes que valerte de tus habilidades de persuasión, o de presión. Una manifestación creo que no vale como ninguna de esas dos cosas.
Si aquellos a los que tienes que convencer son razonables, se les convence mejor con razones bien argumentadas y expresadas: no están en una manifestación. Si no son razonables no les convencerás, ni de una manera ni de la otra. Y como instrumento de presión… ¿realmente vale para algo? Sí, una manifestación de tus subordinados te da «mala imagen» como superior, pero no te quita tu dinero ni tu poder. Y como muchos de los superiores ya tienen mala imagen, ¿qué diferencia hay?
Se pretende: conseguir el apoyo y la empatía del resto de la sociedad.
¿Se consigue? A veces sí, y a veces lo contrario.
Por lo expresado en el primer punto, las manifestaciones tienen las debilidades de que la información que transmiten es escueta, y fácilmente malinterpretable, y de que alteran el orden público, causando malestar a los que son ajenos a ella. Esto dificulta mucho el obtener ánimos y apoyos de aquellos ajenos a los manifestantes, y de hecho, muchas veces consigue lo contrario.
Recuerdo en concreto mi única experiencia real en una manifestación (a la que me asistí más por presión compañeril que por otra cosa). Fué cuando el sector informático se manifestó alimentado por el FUD sembrado por un colegio-wannabe, que se sirvió de un informe muy alarmista para hacernos creer varias cosas que sería complicado resumir en un párrafo, y que de hecho, fué complicado resumir como lema en una manifestación. La cosa es que el sector informático, al menos en la universidad, se lo tomó muy en serio, y empezó a organizarse en manifestaciones y huelgas para pedir al gobierno que nos bendijese con colegios, atribuciones y ese tipo de mafias y privilegios que otras ingenierías tienen.
Al final no se consiguió nada que lo que se pedía pero en la manifestación de Málaga, que es en la que yo estuve, se armó mucho ruido, se hizo una sentada en una carretera (cortando el tráfico y jodiendo a la gente, y haciendo que una chavala del consejo de estudiantes de informática de la UMA se llevase una multa), ¿y todo para qué? para que al fina el resto de la sociedad tan sólo se quedase con la copla de «la ingeniería informática va a desaparecer». Un eslogan que sacado de contexto pierde su sentido y parece que significa otra cosa, eso es lo que llegó al grueso de la población.
Os lo juro: ese año estuve también como voluntaria haciendo charlas a estudiantes de instituto sobre las carreras que la ETSII de la UMA ofertaba, y también en Puertas Abiertas (una feria que organiza anualmente la UMA para dar a conocer los estudios universitarios a estudiantes de instituto), y la pregunta que más me hacían tras lo de la manifestación era: «¿Pero las carreras de informática van a desaparecer, no?». ¡Era desolador! Perdí mucho tiempo intentando convencer a la gente de que lo que habían dicho los informáticos por la tele y los periódicos no era cierto.
Se pretende: infundir al sector que se manifiesta un sentimiento de lucha en pro de una causa común.
¿Se consigue? Sí, pero no pasa del sentimiento.
Unirse a una masa de gente a gritar y alzar los puños, y causar desorden siempre da la sensación de ser muy subversivo, de estar luchando contra el sistema opresor. Pero no es así realmente: es sólo una sensación, y no una lucha real. Por mucho que te quejes y salgas a la calle, las cosas van a seguir igual. Pero mucha gente no se da cuenta de esto. Piensa que por ir y berrear un rato ya ha cumplido como buen ciudadano subversivo, que ha hecho todo lo que se puede hacer, que ya es cosa de que alguien haga caso y cambie las cosas. Esto hace muchas veces que la posible lucha quede en simples quejas y manifestaciones, y que esté acabada antes de haber empezado.
Conclusión.
Por tanto llegamos a la conclusión de que las manifestaciones apenas consiguen más objetivo que el de lanzar un mensaje a la sociedad (que muchas veces llega a esta adulterado), malgastando energías que podrían ser usadas para la consecución de los objetivos de una manera más directa y efectiva.
Así pues, no creas que sólo por lanzarte a la calle van a cambiar las cosas. Denunciar está bien (aunque mejor si es por vías más modernas y civilizadas que las manifestaciones), pero es mucho mejor actuar. Si quieres mejoras sociales no esperes a que tus plegarias sean escuchadas y te caigan del cielo: has de buscarlas o crearlas tú mismo.